Hace algunos años, cuando aún era estudiante de agronomía, residía en una pensión, cuya dueña de casa dedicaba a su jardín de rosas muchas horas del día. Amelia carpía uno por uno los rosales, les aporcaba tierra, removía las hojas dañadas, y por último las regaba, mientras yo la observaba desde la ventana 

Personas, lugares y consecuencias fueron acercándome cada vez más hacia el cultivo de esta bella y noble planta. 

Y un invierno nos decidimos y plantamos en familia las primeras estacas de R. Multiflora que adquirimos en el vivero de Cristel.

Siempre me gustaron las rosas diferentes, poco comunes, por eso en Santa María cultivamos rosas antiguas, especie, rugosas y arbustivas principalmente. Además este tipo de rosales son de muy bajo mantenimiento, y rústicos.

La única desventaja es que algunas variedades tienen una única floración (por ej. las rosas especie). También tengo que destacar que para los amantes de las rosas perfumadas no hay mejor deleite que el aroma de las rosas antiguas. Las hay de una única floración y reflorescentes, y en inviernos moderados muchos de estos rosales mantienen su follaje todo el año.

                                                                                                          

Por todos estos atributos y la variedad de colores y formas del follaje es que en Santa María nos inclinamos por el cultivo de este tipo de rosales desde hace ya algunos años y hemos podido cosechar muchas satisfacciones a lo largo de este emprendimiento familiar. No ha sido fácil, ya que injertar rosales  es un trabajo artesanal en el que hay que poner el cuerpo y la mente, pero con paciencia y voluntad todo se logra.

Me llamo Jimena Mc Allister y junto a mi familia hemos comenzado esta maravilloso emprendimiento les cuento un poco como comenzó todo...